Plumin  
LogoAnteojos
Isabel Delgado
Atrapados en nuestra propia telaraña. 007 mayo/junio
Hace unos días, mi amigo y dramaturgo Nacho Cabrera, publicaba en su muro de facebook la siguiente frase de Juan Marsé: “La piratería no es el mayor problema que tiene el cine español. El gran problema es la falta de talento”. Un amigo la continuaba, diciendo, “... que se suple con grandes dosis de amiguismo y politiqueo”.

Efectivamente, en estos momentos existen grandes carencias en el mundo creativo. Unas carencias que no se deben sólo a la falta de talento, sino a la confianza excesiva en el propio talento. Lo que lleva a olvidar que la voluntad, la dedicación y el compromiso son esenciales para aportar algo mínimamente interesante. Si añadimos el bajo nivel de conceptualización sobre estética, historia de las artes, antropología y la falta de conocimientos profundos sobre la especialidad en la que se está trabajando, nos aproximamos a la definición de lo que podríamos llamar el Pseudo-artista. Reconocido por dedicar gran parte de su tiempo y esfuerzo a potenciar habilidades sociales que le permitan ocupar puestos de influencia.

Este tipo de pseudo-artistas, acompañados de los correspondientes pseudo-intelectuales, suelen ser característicos de la Cultura Provinciana. Cultura propia de los lugares alejados de las capitales. Se trata de un sector que congrega personas casi siempre educadas pero no cultivadas, que viven sopesando información.

La Cultura Provinciana, surge en lugares donde la educación ha iniciado su desarrollo medio, pero que carece de personalidad creadora. El Pseudo-artista busca el reconocimiento social y un hueco en la élite de intelectuales que existen en cualquier región.
Pero el problema no es geográfico, se debe al fracaso en materia de desarrollo. Cada manifestación artística necesita un impulso material y uno espiritual que establezca su posición en la vida diaria de ese lugar. Allí donde no se lee, no se escribe y no se ve teatro, no se hace. La superposición de lo culto y lo popular es una utopía de políticas culturales. El merengue genera merengue y la buena literatura despierta las musas dormidas.
La Cultura se gesta en el individuo, no es un proceso de masas. El consumo de la cultura puede ser masivo, pero su creación nunca lo será. Por ello, no pueden existir artistas como existen obreros. Y por la misma razón, no todo el que escribe, pinta o compone es un creador.
El Provincianismo es la ideología imperante en unas Instituciones Culturales donde gobiernen personas afiliadas a la Cultura Provinciana. La misión de estos gestores es dar crédito y autoridad a los pseudocreadores e instaurar mecanismos, espacios y reglas que tiendan a reafirmar su condición de artistas. Así consiguen asegurar su permanencia en la institución, manteniendo complacidos a los agradecidos.
Si el Provincianismo llega a generalizarse en una población se adueñará de la cultura y frenará a toda persona que no compartiendo esa corriente, intente crear su espacio propio. El miedo a perder el poder es menor al miedo a enfrentarse al verdadero talento. Cuando los criterios favorecen al joven artista, comienzan a encumbrarlo, pero rodeándole del mismo hilo con que luego lo atarán en corto, por ser quienes primero lo ayudaron.
El trasfondo de este artículo revela también una triste realidad, las vivencias dentro de una institución provinciana y la interacción con dicha cultura, puede involucrarnos de tal forma que en algún momento nos corrompa y nos atrape irrefutablemente en su telaraña. comentarios
 
De una cultura de la uniformidad a una cultura de la diversidad. 005 enero/febrero
La crisis financiera marca el fin de un modelo cultural cuya doctrina es el fundamento del libre mercado.
Noam Chomsky

Vivimos en una sociedad obsesionada con los grandes éxitos. Elaboramos y seguimos con atención las listas de libros más vendidos, las películas más taquilleras o los índices de audiencia de los programas de televisión. Sin embargo, la economía está cambiando y ya no se rige por estos varemos. El panorama de muchos sectores, sobre todo del entretenimiento y la cultura, ha cambiado de tal forma que estamos en un entorno que ya nada tiene que ver con el de hace cinco años.
Todos hemos conocido la noticia de Russian Red, una joven madrileña que comienza colgando sus canciones en MySpace y consigue convertirse en un producto musical de éxito internacional. Este y otros casos de artistas descubiertos en la red, se deben a un cambio importante en los modelos de negocio de muchos sectores, pero es en el ocio y la cultura donde se aprecia más acusado.
Las nuevas tecnologías han permitido a los consumidores tener acceso a un sinfín de productos que sería impensable encontrar en una tienda o en un centro comercial por grande que sea. La reducción en los costes de almacenamiento y distribución que permiten las nuevas tecnologías y el fácil acceso a la información convierten a este modelo de negocio en un éxito asegurado.
¿Estamos asistiendo al fin de la cultura de masas? ¿Vamos hacia una sociedad donde la publicidad ya no dicta la demanda? ¿Donde triunfa la diversidad?
Actualmente sabemos que los gustos de la gente han sido forzados a concentrarse en unos pocos grupos musicales, productos de consumo y hobbies, pero que los intereses de las personas son mucho más variados de lo que pensaba el mercado. En la era de Internet por fin nos podemos explayar libremente. Es el ascenso del frikismo, el triunfo de los raros.
Las ventas ya no son lo que eran y ello debido a la inclusión de Internet que ha hecho posible que una suma agregada de artículos que se venden en pequeñas cantidades pueda sumar más que los productos superventas. El análisis del consumo de películas, libros y música, muestra cómo Internet ha hecho posible un nuevo mundo, en el que la combinación de ventas modestas y títulos minoritarios iguala las ventas de los grandes títulos.
Las consecuencias económicas son considerables. Se pueden vender más productos durante más tiempo a un mayor número de gentes. Las implicaciones sociales y culturales, sin embargo, son tal vez mayores. De una cultura moldeada por el mercado de masa estamos pasando a un mercado de nicho, verdadera explosión de diversidad.
Hoy día existe un acceso directo e ilimitado a la cultura y a los contenidos de todo tipo, cada vez menos dominado por los grandes medios de comunicación.
La TV puede transmitir un programa a millones de personas con una eficiencia inigualable pero, sin embargo, no puede transmitir un millón de programas a una persona. Algo que Internet hace de lujo.
Se está produciendo, también, una democratización de las herramientas de producción. Y no se limita a un campo en concreto, sino que se expande a sectores como la música (con los programas domésticos de creación y producción), cine (con la proliferación de las videocámaras digitales y los programas de edición electrónica), el periodismo (con los blogs), etc. La principal consecuencia de todo esto es que los consumidores han pasado de ser pasivos a activos, de simplemente consumidores a también productores. Todo ello derivará en un crecimiento de productos creativos a un ritmo jamás imaginado.
Esto es lo que explica Chris Anderson en su libro La larga cola. El futuro de los negocios está en vender menos de más. Las largas colas no son previamente filtradas por los requerimientos de la distribución ni por ninguna de las personas involucradas (las editoriales, los ejecutivos de los estudios cinematográficos, los cazatalentos, los gerentes, los políticos). Si la elección de estos intermediarios decidía antes qué era bueno o no, qué era arte o no, quién debía estar y quién no, en este nuevo paradigma cada nicho selecciona en función de sus necesidades, produciéndose la entrada en el mercado de nuevos productos culturales, existiendo más variabilidad y flexibilidad para aquellos productos minoritarios.
comentarios

 
Reflexiones sobre la autogestión del “arte” (dramático) 003 septiembre/octubre

Todos queremos ver algo nuevo. En el ambiente se palpa la necesidad de construir una realidad como la de antaño cuando, estando realmente incomunicados, éramos capaces de seguir de cerca y hasta adelantarnos a los acontecimientos de vanguardia del mundo. Desde esta perspectiva, hoy copiamos pero no aportamos nada novedoso, estamos más interesados en alcanzar la estabilidad económica y el reconocimiento social.

Quizá la inflexión, las nuevas propuestas deban partir, como siempre que se produce un cambio importante, de aquellos que están realmente comprometidos con el arte. Quizás es hora de que levanten la voz los artistas y queden a un lado los gestores.

Hace ahora más de veinte años, en Berlín, algunos artistas tomaron la iniciativa y ocuparon espacios en desuso. Y, por ejemplo, en España, Barcelona Tallers fue uno de los grupos organizados con más repercusión en lo que se conoció como el movimiento de autogestión de los artistas. No creo que estemos en la misma situación, pero sí constato la misma carencia de espacios, espacios libres para crear, pequeñas ínsulas abiertas a la proliferación de encuentros entre diferentes artes y artistas.

En un territorio fragmentado como el nuestro, esta idea de una proliferación de centros con entidades y proyección artísticas heterogéneas, según los grupos que los conformen, sería una aportación realmente novedosa que ayudaría a impulsar un diálogo intercultural en el ámbito de la creación, el trabajo conjunto, la cooperación y el desarrollo cultural de nuestra región. Espacios de encuentros, jardines abonados sin ningún tipo de manipulación que permita guiar la producción artística, sin valoraciones previas. Espacios para trabajar de cara al futuro, con unos resultados espontáneos difíciles de predecir pero que, con continuidad, no nos dejarían indiferentes.

La principal divergencia entre este tipo de espacios y los actuales centros nacionales de creación, centros dramáticos, grandes museos, etc., es que no son centros oficiales o políticamente correctos. Porque ¿por qué oficializar sólo una forma de ver las cosas en un territorio donde somos tan diferentes y tan potencialmente creativos? ¿Por qué deben estar todas las manifestaciones artísticas tan encasilladas y sometidas al impulso de los especialistas? ¿Por qué permitir que marquen los ritmos otros que no son los creadores?

Pero, para que el cambio se produzca son necesarios espacios de trabajo estables, espacios para las artes, abiertos a disciplinas como la danza, la música, el teatro, las artes visuales, las letras, las nuevas tecnologías y cualquier otro tipo de manifestación artísticas que sea inclasificable.

Además, en Canarias no es necesario un programa de residentes como se estila actualmente en el ámbito internacional. Por suerte nuestra sociedad, cada vez más plural, nos permite agrupar artistas de diferentes nacionalidades y procedencia junto a los locales en estos espacios multidisciplinares abiertos a la libre creación. Esto conformaría redes artísticas cuyos nudos serían cada uno de los centros que en cada isla o municipio se sumase a esta iniciativa. Estos espacios, sin duda, aportarían muestras artísticas para contrarrestar la desgastada y ñoña actividad cultural existente actualmente en las islas.

Reflexiones sobre el “arte” (dramático) (I) 001 mayo/junio

En una cultura en la que los idealismos endurecidos convierten las mentiras en “formas de vida”, el proceso de verdad depende de si hay personas que sean suficientemente agresivas y libres (“desvergonzadas”) para decir la verdad.
Peter Sloterdijk
De “Crítica de la razón cínica”

¿Dónde radica la autenticidad de lo dramático? Qué es más verdadero, ¿las historias de ficción que vemos en el teatro convencional o la capacidad de expresar procesos creativos ante unos espectadores? Buscar el resultado espectacular es buscar la ejemplaridad. Cuando pones tu trabajo en función de unos intereses externos, te apartas del arte, de tu forma estética propia. El espectáculo busca representar, hacercreer- que, con la mentira de lo narrativo. La acción, en cambio, busca la no representación, lo auténtico, lo interno, lo metafísico. “La representación es también una acción, pero de cartón piedra” (Rodrigo García (2002), «La Carnicería se abre al encuentro del público», Primer Acto, 294. 3, pp. 44-58). Cuando pensamos sólo en los espectadores, el artista pasa a un segundo plano, vendemos el alma. Nos convertimos en un elemento indiferenciado de la colectividad, nos confundimos con ella, reducimos nuestro nivel de exigencia para aproximarnos a la masa.“Y tiene un cierto teorema de Arquímedes; el nivel lo marca el punto más bajo” (Cesc Gelabert (1998), «Drama y danza contemporánea», Primer Acto, 272. 1, pp. 112-123). Pertenecer a un grupo no beneficia al artista, le impide crecer, ser libre. Le predispone contra el riesgo, le obliga a buscar elementos comunes, a identificarse con los otros, a callar, a ser educado… a ser uno más.
Cuando esto sucede en comunidades pequeñas, cohesionadas, ser diferente es ser un raro, un traidor, un indeseable, un fracasado, alguien al que dejar de lado, al
que se le quita importancia. Un out layer está siempre en continua lucha para no ser excluido de la comunidad social endogámica. Este es el verdadero conflicto del hombre.

La lucha para estar solo, ser solo, vivir solo, carecer de arraigo, liberarse. Imponerse ante la masa, sobrevivir, encontrar lo que lo hace único, no someterse, crear, crear, crear a cada paso, ser un absoluto inútil. Entrar en un proceso de autodestrucción social, que no política. Porque el hecho político es todo lo que crea, reproduce o pone en crisis el poder establecido, sea del tipo que sea. En este punto, la política como acción artística, produce infinitas posibilidades que se oponen, siempre, a los sistemas existentes.

Reflexiones sobre el “arte” (dramático) (II) 002 julio/agosto
El teatro, hecho artístico complejo si los hay, es al propio tiempo entre las expresiones artísticas aquella que por su esencia y carácter de hecho comunicativo por excelencia, requiere para su florecimiento integral, más que otra forma literaria o artística alguna, de un clima de comprensión y responsabilidad colectiva; un clima exento de recelos de todo orden, clima de libertad en que puedan expandirse libremente las potencias readoras. Una libertad que -¿habrá que repetirlo una vez más...?- el arte reivindica para sí en forma absoluta, al margen de toda condición.
JOSEFINA PLA (Fuerteventura 1909-Paraguay 1999)
El teatro en el Paraguay. Primera parte. 1967

No puedo entrar como dramaturga en lo convencional, me limita, me bloquea. Me siento más cómoda fantaseando, creando imágenes y eso me lleva, irremediablemente, al mundo de la dirección. Parece más viable hacer efectivo mi-adentro en la escena. El director parece “tener licencia” para crear, para experimentar. Sin embargo, tanto el dramaturgo como el director de escena son creadores, ¿por qué no pueden unirse para formular componentes, unidades, destinadas a ponerse en escena? Quizá porque un director va buscando ese momento de gloria estética, y lo imaginativo choca directamente contra su propia necesidad creadora. Hoy en día lo que no se le permite a un dramaturgo, por irrepresentable, es lo que se alaba de un director.

Siempre que pensamos en la escena, pensamos en el público. Pero ¿qué es el público y para qué lo necesitamos? ¿No se puede crear y que ese producto tenga entidad por sí mismo como sucede en otras artes? ¿Por qué no trabajar en el proceso creativo y permitir que lo vean los que lo deseen? ¿Existen, hoy en día, espacios para crear “arte” dramático? ¿Existe la posibilidad de crear un discurso que permanezca aunque no tengamos público? Podemos liberarnos del teatro para reformular el teatro. “Vamos a beber de fuentes insólitas. Salir, respirar mundos ajenos impulsados por una curiosidad desmedida. [...]No asfixiarse de teatro. Olvidarlo. Y hasta Odiarlo.” (Angélica Liddell (1998), «Una reflexión dramatúrgica del presente», Primer Acto, 272. 1, pp. 43).

En esta sociedad donde el pensamiento abstracto molesta, en la que los discursos existenciales y filosóficos son tachados de elitistas, necesitamos hacer audibles posturas teóricas sobre lo teatral, profundas y personales. Necesitamos ganar un terreno perdido y existir, más allá de la producción, la exhibición y los mercados.

Existir como arte dramático sin público. Con ello no quiero volver a revindicar lo literario frente a lo escénico, sino hacer evidente que, muchas veces, no queda otro remedio que crear notas escénicas, acciones potenciales, imágenes que quizás aún no estamos en condiciones de poder contemplar en escena.
Es posible dejar constancia de las nuevas formas, aunque no lleguen a escenificarse. Las posibilidades, las alternativas, las fuentes infinitas de pensar el teatro son, no sólo posible, sino una necesidad actual para seguir hablando de Arte Dramático.

 

 

Casi todos los derechos reservados. La empresa editora no se hace responsable de los comentarios de sus colaboradores. Que cada palo aguante su vela.
Teléfono 922630140 ·  Dean Palahí,225 · 38201 La Laguna - Tenerife
lectores@revistaanteojos.com