Con oficio de comediantes, funambulistas
del equilibrio económico y tacto de cirujanos escénicos, aparecen dos personajes con visos de ser los alter ego de los actores. La comicidad se ve incluso a oscuras. El argumento de Atrapados, de Els Flaquibutti, no es otra cosa que una excusa cualquiera para poner en escena a una pareja de payasos. Payasos con todas las de la ley, con nariz roja por toda máscara y con la sensibilidad de la que deberían hacer gala todos los que se hacen llamar
a sí mismos payasos.
El beso que debería romper el encantamiento
que los mantiene atrapados, buscado desde el inicio del espectáculo,
no se le entrega desde el público
al demandante payaso encantado porque si se le diera, y muchos se abrían lanzado desde el patio de butacas
no sólo a besarles, sino además a abrazarles y darles las gracias por tan sensible y divertido espectáculo, y no para que dejaran de ser los payasos
que son, sino porque el público acaba por cogerles un merecidísimo cariño, si se le diera, digo, el esquema se rompería y nos quedaríamos sin ese final tan sencillo como elegante. comentarios |
Cuando uno va a ver teatro aficionado sabe que va a ver teatro aficionado, de modo que su nivel de exigencia se modera considerablemente. El nivel
de exigencia propio, claro, como espectador. El de la compañía debería ser exactamente igual de alto que el de cualquier otra compañía, profesional
o aficionada.
Pero es que en la obra de Pochola Pérez-
Andreu, Arsénico por compasión, por muy bajo que se pusiese el nivel de exigencia, no había como cogerlo. En muy mal lugar deja el montaje a las compañías aficionadas. Del elenco, aprueban con muy buena nota Juancho
Aguiar, Adrián Rosales, Ernesto Galván y Loly Villegas, y la espectacular
escenografía de Tito Rúas, de primera.
El hecho de que la puerta derecha
se quedara abierta alguna vez era más responsabilidad de algún actor que del diseño del decorado. Por su parte, Pochola, firmante de un tríptico
ensalzante de su calidad artística, no escapó ni gracias al uso del auricular
que llevaba.
Pero una cosa es cierta. El trabajo de producción, realizado por la propia Pochola
Pérez-Andreu sí que tenía nivel. Y el hecho de que el teatro estuviese lleno hasta la bandera debería hacer reflexionar a más de una compañía profesional y, sobre todo a la gerencia del teatro, que a ver si toman buena nota de cómo hacer un buen trabajo para llevar público al Guimerá. comentarios |
Sobre un texto de Antonio Tabares, Delirum Teatro presenta un espectáculo
dirigido por Severiano García, que plantea las cosas tal y como son y que se hacen más llevaderas gracias a los aditamentos que consiguen que la cruda realidad que plantea la obra tome el tono de comedia. A través de siete escenas, que aparentemente no tienen conexión entre sí, se da un toque
de atención sobre lo que social y políticamente ocurre con los espacios naturales, con las relaciones personales,
con las migraciones humanas y otras situaciones de la actualidad mundial. La elección del título de la obra, Canarias, suponemos que no está hecha por marcar el localismo, sino por situarla en un contexto concreto,
porque convendremos en que las situaciones que plantea se dan en cualquier lugar del mundo.
Destacan sobremanera la actriz Soraya del Rosario, Carlos Pedrós y el propio Severiano García, lo que no implica que el resto no hiciera un magnífico trabajo, para lograr convertir a Canarias en un espectáculo de gran nivel que hace recorrer al público distintos estados emocionales a lo largo de la hora y media de duración que tiene el espectáculo. Tiempo que pasa como un suspiro. comentarios |
Barroco es un espectáculo poco mediático,
como lo suelen ser las buenas obras. Es una versión tremendamente personal que su director Tomaz Pandur,
ha hecho de Las amistades peligrosas,
de C. de Laclos, y del Cuarteto, de H. Muller, y tuvimos la suerte de verla en Tenerife. Se abren las puertas del Guimerá, la gente se apelotona en el hall porque las puertas de acceso a la sala están cerradas, cuando quince minutos después accedemos a la sala, el telón ya está abierto, la música suena
y Blanca Portillo y Asier Etxeandía ya están en el escenario. Al comenzar el espectáculo nos encontramos con una música imponente que refleja a la perfección los altibajos de la trama y además, sonoramente muy estética, a la vez que unas muy fácilmente reconocibles
pinceladas al estilo Duato.
Además del exquisito vestuario y la impactante y simple escenografía, pudimos
ver a una arrolladora Blanca Portillo que se comió
literalmente a cualquier actor, música, escenografía o vestuario que se le cruzara
por delante. Pero no todo el monte es orégano: aproximadamente a la mitad
de duración de la obra hay un momento en el que la relación de amor-odio de sus protagonistas se hace un poco repetitiva, ralentizando así el buen ritmo de la obra, por otro lado la fisionomía del Teatro Guimerá no era muy adecuada; por la naturaleza
de la escenografía ,la regidora no se pudo poner en el puesto de control,
por lo que la teníamos a escasos metros, lo que provoco que nos enteráramos
de todas las entradas de música,
cambios de decorado y entradas de personajes antes de que ocurrieran,
“no puedo evitarlo”. En todo caso las cosas buenas superan con creces las pequeñas incomodidades, por lo que si tiene la oportunidad no se la pierda. comentarios |